dimarts, 6 de setembre de 2011

El majordom

- Bé, veig que l'advertència sobre les dots d'observació del senyor no eren en va... i, si us plau, senyoreta, no voldria que em malinterpretés. Permetim que ara sigui jo qui li expliqui...


- Si us plau, bitllets...


La interrupción rompió la burbuja de tensión que nos rodeaba. El hombre digno sacó su billete del bolsillo de su camisa, el chico de gafitas ocultó instintivamente el cigarrillo recién liado en la palma de su mano, mientras rebuscaba el suyo en los bolsillos de su chaqueta. Yo por mi parte rebuscaba en mi bolso, sin suerte. El revisor esperaba mirando indiferente hacia el fondo del vagón. Miré en la bolsa de los peces y allí estaba.


- Tingui, tingui
- Gràcies. Bona tarda.


Nos quedamos un rato en silencio; la interrupción nos había desconcertado, y cada cual se recompuso.  Recuperamos las distancias. Aproveché para simular un intento de ordenar nosequé en mi bolso y recoloqué a mis peces; alguien limpió sus gafas, alguien miró por la ventana.


- Bé, sembla que ja hem passat Cervera. 
- Cierto.  Y si me disculpan un momento, voy a estirar las piernas hasta allí atrás. 
- No anirà pas vosté potser a fumar?  
- No, hombre, no, que está prohibido!
- Es clar, es clar. L'acompanyaré, si no li sap greu.
- Doncs a mi em disculparan? em sap greu deixar aquí els peixos...


Los hombres cruzaron una mirada cómplice y se marcharon juntos.
Durante un rato estuve mirando por la ventana, rumiando con desagrado la sensación de haber hablado en exceso. Me pasaba a veces con extraños: de pronto me encontraba a mi misma compartiendo pensamientos y opiniones guardadas celosamente durante meses. No dejaba de ser un gesto de desconsideración, aunque no sabía exactamente porqué. Lo cierto es que mis agobios con los enigmas de novela policial eran un tema que no le concernía a nadie más, y aunque estaba feo andar contando cuitas propias, también era cierto que me daban mala vida cada catorce días. Tan cierto como que me divertían cada catorce dias, cuando le tocaba a otro: siete bien, siete mal, siete bien, siete mal, siete bien, siete mal, siete bien, siete... me adormilé con el ruido y el movimiento del tren.
El olor a tabaco y la sensación de movimiento cerca delataron el regreso de mis interlocutores casuales. Un tren pasó en el sentido contrario al nuestro, haciendo mucho ruido. Me despabilé. Ellos se sentaron sin decir nada. Les brillaban los ojos.


Por el pasillo pasó una abuela bajita y regordeta , acabada en moño y coronada con un sombrero de aire victoriano. En su brazo un paraguas de flores con volantitos. Tras de ella un señor alto y serio, algo calvo, con librea y guantes blancos, cargaba con tres cajas forradas de papel a rayas y cerradas con lazos de tela.


- I am definitely sure, Mr Hudson: I just saw a woman being strangled in the train that just crossed ways with us. 
- I regret to say, Madam, that yours is an absolutely extraordinary statement, I'm afraid.
- I know what I saw - and I know that I saw a murder ... oh, poor lady, she looked so young... we must do something immediately, Mr Hudson.

PD: avui fem l'enigma numero 100, i en teoria això acaba aquí. I potser tots ens perdrem amb el tren, dins un túnel llarg que no tindrà final, si no és que potser aquest post sigui un 100a, i encara faltin un 100b, i potser un 100c?? No se. Ja veurem, però sembla que tot plegat no pot acabar així, tan obert.
De moment, hi ha un llibre i un assassinat que us permetran trobar un títol d'un llibre i una autora clàssica del gènere, dins la sèrie d'un dels seus personatges famosos...

2 comentaris:

Júlia ha dit...

Potser és 'El tren de les 4:50' amb la senyoreta Marple.

el paseante ha dit...

Aquesta vegada no en tinc ni idea. Però m'agradaria que hi hagués un dimarts 100a, 100b... 100aa, 100ab... Com les antigues matrícules dels cotxes.