dimarts, 23 d’agost de 2011

l'observador

- Veig que vosté comparteix aficions lectores amb la senyora...
- Eh... ah!, si, si... perdón...

El señor de barba cana le alargó el libro con una sonrisa.

- Tingui, el seu llibre.

- Ehhh...muchas gracias...disculpe... estooo... quiero decir...

Se notaba a la legua que el chico tenía un problema de timidez patológica, que claramente había estado cotilleando, que ahora se sentía pillado en renuncio, y que estaba pasando un mal rato, pero en sus ojos había un brillo extraño de vivo interés, que parecía trascender el mero fisgoneo; parecía un interés personal capaz de abrirse paso entre su vergüenza...

- Disculpen, pero acerca del tema que comentaban...

Le miré interesada, animándole a seguir - ahora la que sentía un interés creciente era yo. Mi compañero de asiento se mesaba las barbas, divertido.

- Si?

- No he podido evitar escuchar lo que decían... y... verán, quizás es una intromisión por mi parte, pero... no sé... y ... y si... pero.... no, no, da igual, quizás es tan solo una locura...

- A què es refereix, home? parli, parli !

- Si, digui, digui, ens està intrigant!

- Bien, si no es abusar y tienen un rato, permítanme que les explique una pequeña historia, que quizás sirva de ejemplo y les permita comprender el porqué de mi indiscreta ingerencia.

- Expliqui, expliqui, jo no baixo fins al final del trajecte.

- Jo encara tinc tres quarts d'hora de viatge, endavant.

- De acuerdo. Permítanme que antes líe un cigarrillo; no se preocupen, no pienso encenderlo, pero liarlo me ayuda a centrarme y a ordenar mis ideas.

Durante un minuto largo le observamos abrir su mochilita, sacar un paquete de tabaco y una cajita de papel de fumar, y miramos en silencio como, sin levantar la vista, sus dedos reproducían fielmente un ritual automatizado a base de miles de repeticiones. Cuando por fin tuvo entre sus dedos un cigarrillo acabado, el tabaco y los papelillos de nuevo en su sitio, la mochilita cerrada - el libro dentro - tomó aire, y empezó a hablar.

- Viajo a menudo a la tierra de la niebla; visito con frecuencia la granja de caballos donde crecí, y prefiero el viaje en tren a cualquier otro medio de transporte. Disfruto de tres horas de calma en las que el tiempo se mide por el traqueteo de las vías y las paradas en las estaciones, y puedo sentarme a mirar pasar el paisaje y las personas que suben y bajan en cada parada. Sé cuando pasan los revisores, y que cuando ya han pasado por segunda vez es seguro salir del vagón para fumar en el pequeño espacio entre coches. Quiero decirles con esto que frecuento este trayecto, y que reconozco a los pasajeros habituales y a los ocasionales.

Se preguntarán qué relación existe entre esto y el tema que comentaban, y en realidad tiene poco que ver, pero, sin querer en absoluto parecer pretencioso, permítanme señalar que me gusta observar, y que a base de años y años de viajes creo detectar en los demás las preocupaciones, intenciones e intereses. Por eso, cuando he visto que usted, señora, leía a Jim Thompson, y que usted, caballero, al sentarse ha reconocido la lectura de la señora, lo que ha motivado que discretamente pero inmediatamente guardase en su bolsa un libro que llevaba escondido entre las hojas del "Sport".... un libro debo decir que bastante usado, y resulta que se trata de una obra que conozco bien, creo que es de la colección compactos de anagrama, si no recuerdo mal editado en el año 90, con esos dos hombres conversando por encima de una mesa con mantel, la ventana al fondo... esa escritora inquietante...

- Vaja, ja ho pot dir, ja que és observador...

- Se lo he dicho, me gusta observar - pero permítame que continúe, o me disiparé y no llegaré a contarles lo que pretendo.

- Si, si, perdoni, no pretenia interrompre'l.

- Decía que usted enseguida ha corrido a esconder su libro. Lo curioso es que ese libro precisamente...

- Perdón, tampoco quiero molestar, pero ¿puedo preguntar qué libro era?

- Es curioso que sea usted precisamente quien lo pregunte... ¿tal vez el caballero lo quiera compartir?

- Bé, jo...

Ahora el centro de atención era la cara de mi compañero de asiento, que iba ruborizándose progresivamente a la par que aumentaba su incomodidad, toscamente disimulada bajo la sonrisa bondadosa y la solemnidad de su barba blanca.

- Bé, veig que l'advertència sobre les dots d'observació del senyor no eren en va... i, si us plau, senyoreta, no voldria que em malinterpretés. Permetim que ara sigui jo qui li expliqui...


Novament teniu un llibre i una autora per endevinar: complicat però no difícil - hi ha pistes, seguiu-les. La història continuarà....


PD:Gairebé una setmana després veig que l'enigma no te encara solució proposada, de fet ni un comentari... potser podeu pensar en altres títols d'aquesta autora, coneguda pel seu retrat d'un psicòpata ben conegut i ple de talent... va, que ja s'acaba aquest matusser culebrot d'estiu!

2 comentaris:

el paseante ha dit...

"Extraños en un tren", de Patricia Highsmith. (Juraria que aquesta novel.la ja l'havíeu posat.) Em sembla que aquesta vegada no tindré perrito piloto. Em sembla que em tocarà participar en un crim perfecte. Em sembla que em tocarà patir.

PD: Disculpeu que no hagi participat fins ara, però darrerament estic una mica liat.

Xurri ha dit...

si que era extraños en un tren, i ara que ho dius, crec que el pere n'havia fet un post, referit a la pel.licula. Però em feia falta repetir-lo pel meu cutre-relat. Gràcies per endevinar-lo, i no pateixis - tot acaba, però saps que no suporto la sang ;)